Las horas

  • Autor: Michael Cunningham.
  • Género: novela.
  • Temas: drama, realista.

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Las horas es prácticamente un alegato por la supervivencia. Michael crea una historia que una a tres mujeres en diversas décadas del siglo XX y cuyo factor en común es Virginia Woolf y su novela La señora Dalloway —siendo Virginia a su vez, una de las tres protagonistas de la historia—. Para la creación de esta novela, Cunningham investigó en diversas fuentes acerca de la vida de Virginia Woolf y los motivos que propiciaron su suicidio en el año de 1941.

Virginia Woolf tuvo una infancia convulsa debido a la pérdida de su madre y al abuso sexual del que fue víctima por parte de su hermanastro. Woolf padeció de trastorno bipolar y desde su niñez mostró episodios depresivos. Aparte, sufría un tipo de migraña en el que se le presentaban alucinaciones auditivas durante las crisis. En el siglo pasado, la medicina psiquiátrica era precaria, no existían los fármacos adecuados para diversos padecimientos mentales y la terapia era incipiente. A partir de la década del cincuenta, fue que el trastorno bipolar empezó a recibir la atención que merecía. Virginia no pudo gozar de dichos avances médicos ya que ella se quitó la vida un veintiocho de marzo de 1941. Durante la última fase de su vida Virginia sufría —con frecuencia— alucinaciones auditivas que le impedían concentrarse y eran incapacitantes. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y su salud mental deteriorada, Virginia toma la decisión de suicidarse y le deja a su esposo Leonard Woolf, una carta donde le agradece sus cuidados y le explica su motivo para acabar con su vida

La novela inicia con el día en el que Woolf se suicida. Virginia deja un par de cartas, una 14223005484765.jpgde ellas dirigida a su esposo y posteriormente sale de su casa a las afueras de Londres. Durante el camino recoge piedras que mete en su abrigo, y sigue su trayecto hasta el río Ouse; donde acabó con su vida sumergiéndose en dicho. Posteriormente nos muestran un día de las vidas de Clarissa Vaughan a finales de los años noventa y de Laura Bowman a mitad de la década de los cincuenta. Ambas mujeres aman la vida y las une la historia de Clarissa Dalloway.

Clarissa Vaughan es una mujer de más de cincuenta años, que vive con su pareja Sally y tiene una hija de dieciocho años llamada Julia. Clarissa se encuentra preparando una fiesta en honor de su mejor amigo Richard; el cual es escritor y recibirá el premio Carrouthers, por su labor poética. Richard está en la fase final del SIDA y su salud mental se encuentra afectada por la enfermedad y los medicamentos que consume. Debido a su estado depresivo, Richard se considera indigno de recibir el premio ya que asume, que se lo otorgan por lástima. Durante la juventud, Richard, Clarissa y otro amigo llamado Louise, tuvieron un breve affaire que marcó la vida de los tres. Richard decidió unir su vida a la de Louise durante algún tiempo y conservó a Clarissa como su mejor amiga. El amor que sintió por ella evolucionó a complicidad y cariño. Para Richard Clarissa es la mismísima señora Dalloway, y la llama así durante todo el transcurso de su vida.

Cabe recalcar que cada historia muestra un día en la vida de cada protagonista; en el día de Clarissa ella visita a Richard para recordarle de la fiesta en su honor. Richard en ese momento desvaría debido a los fármacos que consume y a que su salud mental se encuentra afectada por su enfermedad física. Luego nos presentan los días de Woolf y Laura Brown. Esta última es la madre de Richard y su historia se sitúa a mediados de la década de los años cincuenta.

Laura Brown es una mujer con un hogar «perfecto». Ella era una culta bibliotecaria, que fue conquistada por un joven tres años menor que ella y exhéroe de guerra. Laura se casa con él gracias a la presión social: él era el hombre «ideal», que hubiese podido escoger a cualquier mujer por encima de Laura. Laura a simple vista tiene el hogar perfecto conformado por un marido perfecto, su hijo Richard de tres años y un bebé en camino. Pero la vida de Laura se encuentra vacía, ella no soporta llevar una existencia monótona. Laura es una fanática de la obra de Virginia Woolf y se encuentra leyendo a La señora Dalloway. Esta obra hace que Laura empiece a ver su vida desde otra perspectiva. El día de Brown se ubica durante el cumpleaños de su marido. Laura decide hacerle un pastel a su marido y es ayudada por su hijo. El pastel no resulta ser lo que esperaba y este insignificante detalle hace que Laura entre en una crisis existencial. Durante esa mañana, Laura es visitada por una vecina que ha sido diagnosticada con un tumor; al despedirse Laura impulsivamente la besa sutilmente en la boca. Este incidente hace que Laura dude de sus sentimientos. En el transcurso de su día, Laura huye momentáneamente de su realidad y se aloja por unas horas en un hotel de su ciudad y tiene como única compañía un ejemplar de La señora Dalloway. Durante el par de horas que pasa en el hotel, Laura analiza la posibilidad del suicidio como salida a su vida tediosa. Ella sabe que con esa decisión destruiría a su familia; así que evita ese pensamiento. Esas horas en soledad, le brindan la fuerza que necesita para abandonar a su familia meses después. Laura se encontraba entre dos caminos: el de la «vida» que era abandonar a su familia o elegir el de «muerte», si continuaba llevando esa existencia tediosa y vacía.

Posteriormente nos muestran a Woolf, durante la década de los años veinte. Virginia se encuentra escribiendo su novela La señora Dalloway; y vive con su marido en las afueras de Londres. Debido a que ha atentado varias veces contra su vida, su marido Leonard la sobreprotege y esto coarta la libertad de Virginia. Ella desea volver a Londres; siente que al estar allí tendrá la posibilidad de vivir. Para ese momento Virginia se ve aquejada por episodios de migrañas que se presentan acompañadas de alucinaciones auditivas y ella le hace llamar a este evento «El Diablo». Durante el día de Virginia, recibe la visita de su hermana Vanessa y sus tres sobrinos; estos han llevado un pájaro a punto de morir que se convierte en el factor desencadenante de la crisis existencial de Woolf. Ella pretendía que la protagonista de su novela se suicidara; pero a raíz de los sucesos ocurridos en su día, Virginia decide darle otro final a su protagonista y elige que otro de los personajes fallezca: ella dice que tiene que ser alguien que aparente fortaleza física, pero que sea frágil a nivel mental.

Luego nos reincorporamos al día de Clarissa; ella visita nuevamente a Richard y lo encuentra sentado en el balcón de la ventana de su apartamento, inmerso en un estado extático. Él le confiesa a Clarissa que ha mezclado sus medicamentos y al mismo tiempo —Clarissa trata de persuadirlo—le dice que nadie se ha amado tanto como ellos y posteriormente acaba con su vida lanzándose desde su balcón. Clarissa y Sally contactan a la madre de Richard para que las acompañe durante el funeral. Y analiza cómo esa mujer que años atrás dudo con respecto a continuar con su vida, ahora es la única sobreviviente de todos sus seres queridos. Con más de noventa años, Laura Brown sigue viva, mientras que su marido falleció a causa de un cáncer hepático, su hija menor murió producto de un accidente de tránsito y su hijo Richard acaba de perder la vida.

Clarissa se da cuenta de que en esas últimas horas todavía las acompaña la presencia de Richard y que a partir del día siguiente ella dejará de ser La señora Dalloway para siempre.

En esta hermosa novela, Cunningham nos demuestra nuestra lucha diaria por vivir, a pesar de las circunstancias que nos toquen. También exalta el valor del amor y las formas en que dicho se presenta.

Citas:

  • La belleza es una puta—respondió él—. Prefiero el dinero.
  • …aunque estemos descarnados, lacerados de lesiones, nos caguemos en las sábanas; a pesar de todo, desesperadamente, queremos vivir.
  • ¿No amamos a los niños, en parte, porque viven fuera de los dominios del cinismo y la ironía?
  • En estos tiempos, se juzga a las personas primero por su bondad y su capacidad de entrega.
  • En otro mundo, ella podría haberse pasado la vida leyendo. Pero este es el mundo nuevo, el mundo rescatado; no hay mucho espacio para la ociosidad.
  • …la diferencia entre la locura y la desesperanza es difícil de trazar.
  • Las supersticiones son un consuelo a veces.
  • Quería escribir sobre todas las cosas, sobre la vida que estamos viviendo y las que habríamos podido vivir. Quería escribir sobre todas las maneras en que podríamos morir.
  • …que no te hayan invitado parece en cierto modo una manifestación menor de la capacidad que el mundo tiene de arreglárselas sin ti.
  • Si te aventuras demasiado en el amor, se dice, renuncias a la ciudadanía del país que te has construido. Acabas yendo simplemente de un puerto a otro.
  • Clarissa la conmociona todavía, más de treinta años después, comprender que era la felicidad; que la experiencia completa residía en un beso y un paseo, la previsión de la cena y un libro.
  • Este mundo, este mundo, parece de pronto pasmado y parado, alejado de todo.
  • Hay tan poco amor en el mundo.
  • Llévame contigo. Quiero un amor condenado. Quiero calles de noche, viento y lluvia, sin que nadie se pregunte dónde estoy.
  • El amor es profundo, un misterio: ¿quién quiere entender todos sus pormenores?
  • No creo que haya dos personas que hayan sido más felices que nosotros.
  • Virginia se imagina a otra persona, sí, a alguien fuerte de cuerpo pero débil de mente; alguien con un toque de genio, de poesía, triturado por las ruedas del mundo, por la guerra y el gobierno, por los médicos; alguien que es, técnicamente, un demente, pues ve significado en todas partes, sabe que los árboles son seres sensibles y que los gorriones gorjean en Grecia,
  • Esto es el mundo, cada vez más gobernado por personas que no son tú; cuya actuación será buena o mala; que no te miran cuando se cruzan contigo en la calle.
  • Vivimos nuestra vida, hacemos lo que hacemos y luego dormimos: es tan sencillo y vulgar como esto. Unos pocos se tiran por la ventana o mueren ahogados o toman pastillas; más personas mueren a causa de accidentes; y la mayoría de nosotros, la gran mayoría, somos devorados lentamente por alguna enfermedad o, si tenemos mucha suerte, por el tiempo mismo.

Desde la publicación de la Ortografía de la lengua española 2010, el adverbio solo y los pronombres demostrativos ya no se acentúan.

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