El tomador de agua

A quienes trabajando de noche no se dan punto de reposo con tal de aumentar sus caudales, se acerca un hombre sediento  a extremo insaciable. Les pide un poco de agua, la bebe y pide más, lo cual repite un número indefinido de veces, mientras el que provee el agua se siente impelido a repetir dicho socorro en medio de una creciente admiración y temor. Al fin el tomador reprende a su víctima, recordándole que la noche es para descansar y dar gracias a Dios por los frutos del trabajo diurno.

Una señora, acostumbrada a quedarse hasta muy tarde en la noche planchando ropa, una vez, mientras se hallaba enfrascada en su labor le cayó sobre el tendido de la mesa una uña, que desde ninguna parte, dadas las características de la vivienda, era lógico que cayese. Llena de terror abandonó el trabajo y no volvió  a trabajar más que de día.

El mismo efecto tuvo sobre otra un suceso similarmente escalofriante. Esta se quedaba hasta medianoche y más haciendo oficio. Una de tantas noches la sorprendió el ruido que a su lado hizo una ventana que se abría; por ella asomó un hueso mientras se escuchaba una voz que decía: «Trabaja de día que la noche es mía».


Samuel Feijóo. Mitología Americana. Madrid, España: Ediciones Ciruela, 2010.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s