¿Por qué mentimos?

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¿Por qué mentimos?

  • Autor: Dan Ariely.
  • Género: ensayo.
  • Temas: ciencias sociales, psicología.

Dan Ariely es un catedrático de psicología y economía conductual de la universidad de Duke. Creó esta obra luego del famoso caso Enron (debido a irregularidades en las cuentas de la compañía, esta termino yéndose a la quiebra en el año 2001). Por tal motivo, se interesó en cómo la deshonestidad nos afecta en menor o mayor escala. Todos hemos mentido y engañado en más de una ocasión; esto no solo es inherente en políticos y banqueros.

Nuestra capacidad de mentir o engañar, se basa en el hecho de ser descubiertos o vigilados. A través de una serie de experimentos, realizados a diferentes grupos de personas; Dan Ariely ꟷjunto con sus colaboradoresꟷ descubre cuáles son los principales motivos que favorecen el aparecimiento del engaño y el autoengaño. También explica, como todas nuestras decisiones se fundamentan en el análisis coste-beneficio; es decir, si valdrá la pena el riesgo para obtener algo a cambio. Según dicho análisis, si tuviéramos la oportunidad ꟷy no corriéramos el riesgo de ser descubiertosꟷ robaríamos cosas de otros o engañaríamos con mayor facilidad. Esto se puede comprobar durante un simple examen académico o cuando nos echamos la luz roja del semáforo.

Por otra parte, con los experimentos hechos por Ariely, queda descubierto que el engaño no es algo exclusivo de cierto sector social o que personas que encajan en determinado estereotipo, son más propensas a robar o mentir. En uno de los ejemplos presentados en el libro, se muestra como un grupo de voluntarios ꟷde una posición social y económica estableꟷ toman dinero que forman parte de donativos. Al principio se sospecha que es un único individuo el culpable; pero luego descubren que son varias personas las que sustraen el dinero, ya que no existe un control directo sobre la manipulación de dicho.

La acción de engañar se asocia con el factor de la incomodidad: engañaremos mientras nos sintamos cómodos con nosotros mismos; es decir, mientras conservemos nuestra imagen de honestos ante los demás. Por un lado, queremos ser capaces de sentirnos bien con nosotros mismos y no fallar a nuestras convicciones personales; pero también, deseamos sacar provecho de las circunstancias o aventajar a otros, según se nos permita. Un ejemplo claro de esto, es la cantidad de personas que mienten a la hora de crear sus currículum para lograr obtener una plaza laboral. También en el momento del autoengaño, muchas personas asumen que el hurto es algo que solo es reprobable cuando hay dinero de por medio; pero pasan por alto acciones como robar papelería de la oficina o no recordarle al cajero del supermercado cuando ha olvidado cobrar un producto. En lo anteriormente señalado, también desempeña un papel importante el factor tolerancia, es decir, el equilibrio entre nuestros deseos por conservar una imagen positiva de nosotros y sacar partido del engaño. Esto nos demuestra que somos más deshonestos ante la presencia de objetos no monetarios, que ante dinero de verdad.

En otros capítulos, Ariely demuestra como elementos tales como el estrés y el cansancio nos motivan a ser víctimas del engaño. Esto lo podemos comprobar cuando hacemos un régimen de dieta y luego de días de presión, terminamos por romperla y compramos comida rápida. O cuando los estudiantes plagian material para sus tareas o mienten para faltar a clases o a pruebas; poniendo como excusa el fallecimiento de un ficticio familiar. También nos demuestra, cómo diversos profesionales sacan partida de infinidad de situaciones para ayudar a su billetera. Esto queda demostrado cuando profesionales de salud nos incitan a realizarnos procedimientos que no necesitamos o cuando los asesores legales y financieros cobran grandes cantidades por sus honorarios ꟷaunque su asesoría haya sido diminutaꟷ. La mayoría de profesionales sacan provecho de sus servicios, mientras los clientes se mantengan ignorantes.

También, debido a que somos seres sociales por naturaleza, cuando alguien nos hace un favor tendemos a sentirnos en deuda con esa persona. Dichos sentimientos pueden influir a la hora de nuestra toma de decisiones. Esto se puede comprobar en el papel que juegan diversos lobbies con relación a los partidos políticos. Estos grupos de presión buscan crear determinado sentimiento de obligación con los partidos políticos afines a sus convicciones; para que estos apoyen sus causas y como retribución pagarán «el favor» a la hora de las elecciones. Otro ejemplo más común es el de los visitadores médicos. Dichos ofrecen una diversidad de beneficios a los médicos ꟷsegún a la farmacéutica que pertenezcanꟷ y como retribución, los médicos promocionarán con sus pacientes a determinada casa farmacéutica.

Dan Ariely compara al engaño con una «infección», ya que todos podemos ser contagiados ꟷo contagiarꟷ por otros con el microbio de la deshonestidad. Si vemos que personas de nuestro círculo social o famosos, se comportan de manera deshonesta; tendemos a normalizar el engaño. Desde robar lapiceros en nuestro sitio de trabajo hasta alterar las declaraciones fiscales; ꟷexcusándonos en el motivo de «porque otros lo hacen»ꟷ, son conductas que erosionan nuestras convicciones morales y que nos incentivan a normalizar situaciones más graves, donde el engaño desempeña un papel protagónico.  Por otra parte, también nos demuestra, cómo tendemos a relajar nuestra tolerancia con respecto al engaño, cuando trabajamos con otros para obtener beneficios. Si reconocemos nuestros puntos débiles, es muy probable que lo pensemos dos veces antes de engañarnos a nosotros mismos y a otros. Dan Ariely por medio de este ensayo, nos demuestra cómo podemos crear una mejor sociedad al descubrir nuestros puntos débiles y tratar de mejorarlos. Así como la deshonestidad contamina; la honestidad puede contagiarse a través de cada pequeño acto que realicemos en favor de nosotros o de otros.

Citas:

  • Si tenemos oportunidad, nos robamos cosas unos a otros…muchas personas necesitan a su alrededor controles que obliguen a hacer lo debido.
  • …la acción de engañar no está impulsada por preocupaciones sobre destacar o no: muestra más bien que nuestro sentido de la moralidad está asociado al grado de engaño con el que nos sentimos cómodos.
  • Factor de tolerancia: el frágil equilibrio entre los contradictorios deseos de conservar una imagen positiva y sacar partido del engaño.
  • Las personas tienden a ser más deshonestas en presencia de objetos no monetarios ꟷcomo lápices o fichasꟷ que ante dinero de verdad.
  • Las cerraduras no te protegen de los ladrones, que si de verdad quieren entrar en tu casa, entran. Te protegen solo de la mayoría de las personas honradas que quizá se sentirían tentadas de entrar en tu casa si no hubiera cerradura.
  • …la gente no tiene por qué ser corrupta para actuar de una forma problemática y a veces perjudicial. Muchas personas totalmente bienintencionadas pueden verse zancadilleadas por los caprichos de la mente humana, cometer errores mayúsculos y seguir teniendo de sí mismas una elevada opinión.
  • Los seres humanos somos criaturas muy sociales, por lo que cuando alguien nos echa una mano o nos hace un regalo, solemos sentirnos en deuda. Este sentimiento puede, a su vez influir en nuestra opinión, haciendo que nos sintamos más predispuestos a intentar ayudar a esa persona en el futuro.
  • La mayoría de personas engañan lo justo para sentirse bien consigo mismas.
  • Somos muy hábiles a la hora de racionalizar nuestras acciones para que concuerden con nuestros motivos egoístas.
  • Debemos entender que la primera acción deshonesta puede ser especialmente importante para determinar la manera en alguien evalúa su persona y su proceder a partir de ese momento, por lo cual el primer acto deshonesto es el q ue debemos evitar como prioridad.
  • El autoengaño es una estrategia útil para creernos las historias que contamos, y si tenemos éxito, será menos probable que vacilemos e indiquemos sin querer que somos muy distintos de lo que pretendemos ser.
  • Si hay deshonestidad en nosotros y en quienes nos rodean, empezamos a sospechar de todo el mundo, y, sin confianza, nuestra vida se torna más difícil en casi todos los aspectos.
  • Somos por naturaleza criaturas cuentistas, narradoras, y nos contamos una historia tras otras hasta dar con una explicación que nos guste y suene lo bastante razonable para ser creída. Y si la historia nos muestra bajo una luz más positiva y favorable, tanto mejor.
  • Estamos inmersos en un conflicto fundamental: nos debatimos entre nuestra profundamente arraigada propensión a mentir (a nosotros y a los demás) y el deseo de pensar que somos personas buenas y honestas.
  • El hecho de que nuestras acciones concuerden con las normas sociales de quienes nos rodean suele servirnos de consuelo.
  • Si el tramposo es integrante de nuestro grupo social, nos identificamos con él y, como consecuencia de ello, nos parece que engañar es más aceptable desde el punto de vista social. No obstante, si el tramposo es un intruso, nos cuesta más justificar nuestra mala conducta, y nos volvemos más éticos movidos por el deseo de distanciarnos de esa persona inmoral.
  • Reconocer los puntos flacos es un primer paso crucial en el camino para tomar decisiones más atinadas, crear mejores sociedades y fortalecer nuestras instituciones.
  • Tenemos en la deshonestidad un ejemplo excelente de las tendencias irracionales. Es omnipresente; no entendemos instintivamente cómo nos aplica su magia, y, lo más importante, no la vemos en nosotros mismos.

Desde la publicación de la Ortografía de la lengua española 2010, el adverbio solo y los pronombres demostrativos ya no se acentúan.

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