Un cuarto propio

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  • Autor: Virginia Woolf.
  • Género: ensayo.
  • Temas: arte, crítica literaria y social.

En el año de 1928, se le pidió a Woolf que impartiera una serie de ponencias acerca de la relación entre las mujeres y la novela, a lo largo de la historia. Para ese entonces, Virginia Woolf ya era una escritora consagrada; de las pocas mujeres reconocidas a nivel intelectual a principios del siglo veinte. Se considera que esta obra de Woolf es una pieza importante en la literatura feminista, por la crítica que ella ejerció contra la sociedad patriarcal, que impidió a las mujeres durante siglos, desarrollar sus potenciales.

Durante el transcurso de su investigación, Woolf descubre que las mujeres desempeñaron un papel casi inexistente en la literatura en los siglos anteriores al siglo XX. Muchas se ocultaron bajo seudónimos para poder crear sus obras y las pocas que lograron hacerse un lugar en la literatura ꟷcomo las hermanas Brontëꟷ, creaban obras que distaban de la riqueza de contenido existente en las obras de los hombres.  A pesar de estar cerca de la tercera década del siglo XX, las mujeres no podían entrar a determinados sitios,ꟷcomo las bibliotecasꟷ sin compañía de un hombre. Es cierto que ya se gozaba de mayor libertad que en los siglos pasados; donde las mujeres eran una extensión de padres, maridos y hermanos, pero las limitantes en el terreno cultural aún eran muy marcadas.

Luego de ser expulsada de una biblioteca, Virginia emprende su análisis para la creación de su discurso. Analiza diversos escenarios y se da cuenta de que sin privacidad la creación no se hace presente. Ella se considera una mujer afortunada, ya que recibió una herencia de quinientas libras anuales, hasta el último de sus días. Al gozar de libertad económica, ella puede crear libremente sin sufrir carencias que interfieran en su desarrollo como artista.

Virginia Woolf consideró que una mujer necesita privacidad y libertad económica para poder crear. Los hombres a lo largo de los siglos han gozado de ambas cosas y por eso, fueron capaces de crear maravillosas obras en diferentes áreas artísticas. Al investigar en diversas obras, Woolf descubre que las mujeres fueron minimizadas e ignoradas. Si bien, fueron fuente inspiración para la creación de grandes obras, ninguna de dichas obras fueron creadas por mujeres. A través de su estilo Virginia imaginó situaciones en donde las mujeres hubiesen sido las protagonistas. Woolf da vida a una hermana del célebre Shakespeare. Le crea una vida y la dota de dones similares a los de su famoso hermano; al mismo tiempo, se interroga acerca de la suerte de dicha, si hubiera tenido acceso a los libros y un poco de educación. Quizás la imaginaria, no habría terminado en una tumba olvidada.

Woolf considera que para que sus congéneres no terminen desperdiciadas y relegadas, es necesario que dichas gocen de estabilidad económica y educación. Ya que si carecen de dinero, no podrán viajar y labrarse un porvenir; serán incapaces de crear grandes obras. Porque La independencia intelectual depende de la estabilidad económica. Por dicho motivo, durante siglos las mujeres fueron esclavas de sus padres y maridos: ellas no manejaban su propio dinero, no eran dueñas de un espacio ni poseían privacidad. Ya que siempre eran vigiladas, con la finalidad de proteger su inocencia y castidad. Al mantenerlas ignorantes, seguirían dependiendo de sus hombres. Más allá de exponer la relación entre las mujeres y la novela, Virginia creó esta obra para alegar a favor de la independencia femenina y del derecho a la privacidad. Para que las mujeres puedan desarrollarse en igualdad de derechos que los hombres; para que dichas puedan potenciar sus cualidades y no verse relegadas a ser la sombra de grandes hombres.  Para que no terminen ignoradas como la ficticia hermana de Shakespeare, creada por ella.

Citas:

  • …para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio.
  • La literatura debe atenerse a los hechos, y cuanto más reales los hechos mejor la literatura.
  • …la belleza del mundo que está a punto de perecer, tiene dos filos, uno de risa, otro de angustia, partiendo en dos el corazón.
  • …una buena comida es muy importante para una buena conversación. Uno no puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si uno ha comido mal.

 

  • Pensando en todas esas mujeres trabajando años y años y matándose para juntar dos mil libras, y no pasando entre todas de treinta mil, nos indignó la culpable pobreza de nuestro sexo. ¿Qué habrán estado haciendo nuestras madres para dejarnos pobres?, ¿empolvándose la nariz?, ¿mirando vidrieras?,¿pavoneándose al sol en Monte Cristo?

 

  • ¿Por qué los hombres bebían vino y las mujeres agua?¿Por qué un sexo era tan adinerado, y tan pobre el otro? ¿Qué influencia ejerce la pobreza sobre la literatura? ¿Qué condiciones requiere la creación de obras de arte?ꟷmil preguntas me acosaban a un tiempoꟷ. Pero yo precisaba contestaciones, no preguntas…

 

  • ¿Tienen ustedes la menor idea del número de libros sobre mujeres que se publican en el curso de un año? ¿Tienen ustedes la menor idea de cuántos son escritos por hombres? ¿Se dan cuenta que ustedes son , tal vez, el más discutido animal del universo?

 

  • Es, sin embargo, en nuestros ocios, en nuestros sueños, que la sumergida verdad suele salir a flote.

 

  • …la vida es ardua, difícil, una lucha perpetua. Exige coraje y fuerza gigantesca. Más que nada, , criaturas de ilusión como somos, exige confianza en sí mismo. Sin esa confianza somos como niños en la cuna.

 

  • ¿Pensando que los demás valen menos que uno? Pensando que uno tiene alguna innata superioridad sobre los demás: dinero, o rango, o la nariz recta, o el óleo de un abuelo por Rommey; porque los artificios patéticos de la imaginación del hombre no tienen fin. De ahí para un patriarca que debe conquistar y gobernar, la importancia enorme de sentir que muchísima gente ꟷmedio género humano en verdadꟷ es por naturaleza inferior a él.

 

  • Hace siglos que las mujeres han servido de espejos dotados de la virtud mágica y deliciosa de reflejar la figura del hombre, dos veces agrandada. Sin ese poder el planeta sería todavía ciénaga y selva. Faltarían las glorias de todas nuestras guerras. Todavía estaríamos garabateando formas de ciervos en despojos de huesos de carnero y canjeando pedernales por cueros de ovejas o por cualquier adorno sencillo que halagara nuestro gusto incontaminado. No hubiera habido Superhombres ni Dedos del Destino. El Zar y el Káiser no hubieran usado coronas ni las hubieran perdido. Los espejos, aunque tienen otros empleos en las sociedades civilizadas, son esenciales a toda acción violenta y heroica. Por eso Napoleón y Mussolini insisten con tanto énfasis en la inferioridad de las mujeres, porque si ellas no fueran inferiores, ellos no serían superiores. […]Pues si ella quiere decir la verdad, la imagen del espejo se encoge; su capacidad vital disminuye.

 

  • Grandes masas de gente nunca son responsables de lo que hacen. Obran bajo el imperio de instintos que no pueden controlar. También ellos, los patriarcas, los profesores, tienen que luchar con infinitas dificultades, infinitos estorbos.

 

  • En cien años, pensé al llegar a mi puerta, las mujeres ya no serán el sexo protegido. Participarán en todas las actividades y esfuerzos que les están vedados ahora.[…]Quiten esa protección expónganlas a los mismos esfuerzos y actividades, háganlas soldados y marineros, maquinistas y trabajadoras del puerto, y las mujeres morirán tan jóvenes y tan pronto que se dirá: «Hoy he visto una mujer» como antes se decía: «Hoy he visto un aeroplano». Todo puede suceder cuando la feminidad ya no sea una ocupación protegida.

 

  • La novela es como una telaraña ligada muy sutilmente, pero al fin ligada a la vida por los cuatro costados.

 

  • En verdad, si la mujer no tuviera más existencia que la revelada por las novelas que los hombres escriben, uno se la imaginaría como un ser de la mayor importancia; muy cambiante; heroica y mezquina, espléndida y sórdida; infinitamente hermosa y horrible en extremo; tan grande como un hombre, tal vez mayor.[..] En la realidad[…], la encerraban con llave, la castigaban y la tiraban por el suelo. De eso resulta un ser mixto y rarísimo: imaginativamente de la mayor importancia; prácticamente del todo insignificante. La poesía está toda impregnada de ella desde el principio hasta el fin; de la historia está casi ausente. En la novela domina las vidas de reyes y conquistadores; en la realidad es la esclava de cualquier muchacho obligado por sus padres a ponerle un anillo al dedo. Algunas de las palabras más inspiradas, algunos de los pensamientos más hondos de la literatura caen de sus labios; en la vida real apenas sabía leer, apenas deletrear y era la propiedad de su marido.

 

  • Cada vez que una lee de una bruja tirada al agua, de una mujer poseída por los demonios, de una curandera vendiendo hierbas y aun de la madre de un hombre célebre pienso que estamos en la pista de un novelista, un poeta abortado, o una Jane Austen muda y sin gloria, una Emily Brontë rompiéndose los sesos en el páramo o recorriendo con desolación los caminos, trastornada por la tortura de su genio. Me atrevo a adivinar que Anónimo, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer.

 

  • Por desgracia, son precisamente los hombres y las mujeres de genio los que más se preocupan de lo que se dice de ellos.

 

  • La literatura está abarrotada de ruinas de nombres que se han preocupado más allá de lo razonable de las opiniones ajenas.

 

  • Las mujeres viven como murciélagos o lechuzas, trabajan como bestias y mueren como gusanos…

 

  • Porque las obras maestras no nacen aisladas y solitarias; son el producto de muchos años de pensar en común, de pensar en montón, detrás de la voz única, de modo que esta es la experiencia de la masa.

 

  • En general se cree que las mujeres son muy tranquilas; pero las mujeres sienten lo mismo que los hombres; necesitan ejercicio para sus facultades y campo para sus esfuerzos, igual que sus hermanos; sufren de reglas demasiad rígidas, del estancamiento absoluto, precisamente como sufrirían los hombres; y es una estrechez de criterio en su prójimo más privilegiado el decir que ellas deben limitarse a hacer tortas y tejer medias, a tocar el piano y bordar carteras. Es insensato condenarlas, o reírse de ellas, si buscan hacer más o aprender más que lo prescripto por el hábito.

 

  • …pero no hay puertas, ni cerraduras, ni cerrojo que cierre la libertad de mi espíritu.

 

  • Porque nosotros si somos mujeres pensamos a través de nuestras madres.

 

  • Un libro no se hace de frases colocadas una al lado de la otra, sino de frases construidas.

 

  • A veces a las mujeres les gustan otras mujeres.

 

  • No hay una marca en la pared para medir la precisa estatura de las mujeres. No hay medidas de una yarda, prolijamente divididas en fracciones de una pulgada que determinen las condiciones de una buena madre o el cariño de una hija, o la fidelidad de una hermana…

 

  • Sería una pena que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o parecieran hombres, porque si apenas dan abasto dos sexos, considerando la amplitud y variedad del mundo, ¿cómo nos manejaríamos con uno solo? ¿No debe la educación desarrollar y reforzar las diferencias, más bien que las similitudes? Porque ya demasiado nos parecemos, y si un explorador pudiera volver con noticias de otros sexos atisbando otros cielos a través de las ramas de otros árboles; nada sería de mayor servicio a la humanidad; y de yapa tendríamos el placer de ver al Profesor X empuñando sus varas de medir y demostrándose «superior».

 

  • El encanto de las calles de Londres es que no hay dos personas iguales.

 

  • La mente es por cierto un órgano muy misterioso, reflexioné (retirando mi cabeza de la ventana), del que no sabemos nada absolutamente, aunque dependamos de él por completo.

 

  • Y cuando un libro carece de poder sugestivo, no puede penetrar en la mente por más que golpee la superficie.

 

  • Escribir lo que uno quiere escribir, es lo único que importa, y que eso importe por siglos o por horas, es lo de menos.

 

  • La independencia intelectual depende de las cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres han sido siempre pobres, no solo por doscientos años, sino desde el principio del tiempo. Las mujeres han tenido menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres, por consiguiente, no han tenido la menor oportunidad de escribir poesía. He insistido tanto por eso en la necesidad de tener dinero y un cuarto propio.

 

  • Por eso les ruego que escriban toda clase de libros, por trivial o por vasto que sea el tema. Por las buenas o por las malas, espero que ustedes adquirirán bastante dinero para haraganear y viajar, para considerar el porvenir o el pasado del mundo, para soñar sobre los libros y demorarse en las esquinas y dejar que la línea del pensamiento se sumerja hondo en el río. Porque no quiero que se limiten a la novela. Si quieren complacermeꟷ y hay miles como yoꟷ escribirán libros de viaje y aventuras, de investigación y de erudición, de historia y biografía y crítica y filosofía y ciencia. Con todo eso, adelantarán el arte de la novela. Porque los libros influyen unos en otros.

 

  • …porque los grandes poetas no mueren: son presencias continuas; solo precisan una oportunidad para andar entre nosotros de carne y hueso.

 

  • …vale la pena trabajar hasta en la oscuridad y en la pobreza.

 

 

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