Una casa en Granadas 

La tierra es libre —dijo el joven rey—, y no eres esclavo de ningún hombre.
   —En la guerra —replicó el tejedor—, los fuertes hacen esclavos a los débiles, y en la paz, los ricos esclavizan a los pobres. Nosotros tenemos que trabajar para vivir y ellos nos dan pagas tan miserables que nos morimos. Nosotros trabajamos agotadoramente para ellos a lo largo de todo el día y ellos amontonan oro en sus cofres, y nuestros hijos se ajan antes de tiempo, y las caras de los que amamos se vuelven duras y malvadas. Nosotros pisamos las uvas y otro se bebe el vino. Nosotros sembramos el trigo y nuestra mesa está vacía. Tenemos cadenas, aunque ninguna mirada las contemple; y somos esclavos, aunque los hombres nos llamen libres.

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