Después de aquel viaje 

Comencé a reír.
Reí de todos mis problemas. Reí de todos mis miedos. Reí de mis sueños y de los sueños de todo el mundo. Reí de mí misma. Y reí de toda la humanidad. Y continué riéndome. Reí tanto que eché la cabeza hacia atrás y, sin pensarlo, me vi frente al cielo y comencé a imaginarme a Dios sentado allá arriba, mirando hacia abajo.
¿Y qué es lo que vería desde tan alto? Él no vería nada. Él no divisaría a nadie. Y casi lloré.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s