Arráncame la vida

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  • Autor: Ángeles Mastretta
  • Género: novela
  • Temas: drama, romántico.

Ambientada en el México posrevolucionario; la trama se desarrolla entre los años 1929-1940, dentro de una sociedad donde la participación de la mujer era casi nula. En esas décadas, la mujer aún es vista como “propiedad” del marido, un ser criado y educado para tener hijos y cuidar del hogar.

Catalina Guzmán( la protagonista de esta historia), es una joven de 15 años de edad; hija de unos vendedores de leche, de posición económica baja, inocente e ingenua con respecto a su cuerpo y al mundo que la rodea. Vive en Puebla y un día conoce al General Andrés Ascencio, un hombre que le dobla la edad, mujeriego, machista y cuyo principal interés en la vida es la política y el poder.

 

Andrés le quita la virginidad a Catalina y ella no siente ningún placer en esa ocasión. Gracias a los consejos de una gitana (misma, que le vaticina un futuro con muchos amores), Catalina empieza a experimentar con su cuerpo, a conocerlo y de esta manera conoce el placer; placer que en las primeras experiencias con Andrés no se hizo presente. Andrés y ella se casan; Catalina asume que lo que siente por él es amor, a pesar de que su marido la trata como un objeto. Ella se embaraza de su primer hijo y durante todo ese tiempo Andrés la margina por su condición; Catalina que se siente sola y cuyos deseos no han sido satisfechos, termina siendo infiel durante el transcurso de su embarazo, con un amigo de la infancia. Catalina llega a tener dos hijos de su marido, pero este le lleva a todos los hijos que ha tenido con sus ex amantes para que ella los eduque y crie. Algunos llegan a ganar su corazón, mientras que otros mantienen simplemente una relación respetuosa e indiferente con ella. Andrés se convierte en gobernador de puebla, y Catalina empieza a tener un rol más importante y activo, en la vida de su marido; ella asume todas las responsabilidades que conlleva ser la esposa del gobernador del estado, a pesar de que las mujeres aún son relegadas a segundo término y que no tienen derecho al voto. Se la pasa entre obras de caridad, eventos, lujos y pláticas superficiales con sus amigas. Catalina crece en todos los aspectos, así como crece la fortuna y poder su marido; ella deja de ser la niña ingenua y moldeable a los antojos de Ascencio y se convierte en una mujer astuta e inteligente, a pesar de seguir a la sombra de su marido.

 

Andrés se convierte en el asesor principal del presidente de México; por esta razón se mudan de Puebla a la capital del país. En este periodo Andrés se vuelve más complaciente y cariñoso con Catalina, mientras que ella ya no se encuentra enamorada de él. Un día, Catalina termina visitando Bellas Artes por casualidad, y conoce a Carlos Vives, un joven director de orquesta. Por cosas del destino resulta que Vives, es el hijo de un general al que Andrés le tuvo mucho cariño; así, que, Carlos termina frecuentado la casa de Catalina. Carlos y Catalina se convierten en amantes; con él, Catalina descubre el verdadero amor y conoce la verdadera satisfacción sexual. Ambos viven momentos felices en la clandestinidad, hasta que un día Carlos es asesinado.

Catalina pierde la emoción por la vida y se dedica a la crianza de sus hijos y a solapar el romance secreto de una de las hijas de Andrés, cuya historia de amor se frustra por la muerte de su novio y termina casándose con un tipo que ha elegido su padre.

 

En la boda de la hija de Andrés, Catalina conoce a un productor de cine con el que tiene un romance, pero no se asemeja a lo que vivió con Vives; para ese momento Andrés empieza a enfermar y posteriormente fallece. Al fallecer Andrés en lugar de sentir tristeza Catalina siente felicidad; gracias a la muerte de Andrés, ella logra llorar todo lo que reprimió en el fallecimiento de Carlos. Catalina recobra su libertad y se convierte en una mujer plena y dueña de sí misma.

Frases

  • Empecé a volverme una mujer que va de las penas a las carcajadas sin ningún trámite, que siempre está esperando que le pase algo, lo que sea, menos las mañanas iguales. Odiaba la paz, me daba miedo.
  • … a las amantes todo el mundo les tiene lástima o cariño, nadie las considera cómplices. En cambio, yo era la cómplice oficial.
  • Toda la vida me la he pasado queriendo que me quieran.
  • ¡Qué país! El que no tiene miedo tiene tedio.
  • Yo qué sé para qué hacía las cosas a los dieciséis años. Tengo treinta, quiero mandarme, quiero vivir contigo, quiero que la bola de viejas que se vienen mientras te miran dirigir sepan que la que se viene de a de veras soy yo…Quiero que me saques del ropero y decirle todo al general Ascencio.
  • – Nadie se muere de amor, Catalina, ni aunque quisiéramos.
  • …ya prometo serte fiel con marido y sin marido, en las carcajadas y el miedo, y amarte y respetar tus preciosas nalgas todos los días de mi vida.
  • – Te jodí la vida, ¿verdad?- dijo. Porque las demás van a tener lo que querían. ¿Tú que quieres? Nunca he podido saber qué quieres tú. Tampoco dediqué mucho tiempo a pensar en eso, pero no me creas tan pendejo, sé que te caben muchas mujeres en el cuerpo y yo sólo conocí a unas cuantas.
  • La viudez es el estado ideal de la mujer. Se pone al difunto en un altar, se honra su memoria cada vez que sea necesario y se dedica uno a hacer todo lo que no pudo hacer con él en vida.
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