Usted merecía un final feliz

Usted merecía un final feliz…
Usted querida amiga, merecía un final feliz, nunca la vi en persona pero supe casi todo de usted. A través, de las pláticas con él, la aprendí a conocer y a apreciar. Desde su partida mi vida quedó fracturada, su partida vino a desequilibrar el poco equilibrio que me quedaba.
En “Las horas”, dicen una frase que ha quedado grabada en mi mente: “Alguien debe de morir para que los demás apreciemos la vida”, y eso sucedió con su caso. Usted murió, pero en lugar de ayudarme a valorar la vida, usted dejó un miedo terrible en mí. En lugar de agradecer cada segundo, cada instante, desde su partida he sentido un temor inmenso por el futuro; mis miedos se duplicaron, me he vuelto más existencialista, más vulnerable y ahora le temo a la muerte (a la que antes no le temía).

No hay noche que no piense en usted, en cómo debe de estar en su nueva casita y me ofenden dichos pensamientos; usted que era tan bonita y tan joven, ahora, expuesta a la obligada degradación ¿por qué no sale de mi mente? ¿Será que detrás de mi diagnosticada ansiedad se encuentra usted? Quizás usted es mi ansiedad: ha reencarnado de esa manera, como una respuesta rebelde a la condenada muerte que la visitó antes de tiempo.
Cada día le invento un final diferente, cada día mi mente se vuelve un temporizador, cada día trato de hallarle un por qué a su caso (y cómo quisiera tener una maquina del tiempo para advertirle, para aconsejarle que le preste   más atención a su salud; quizás por eso me he vuelto más quisquillosa con la mía ), trato de pensar en lo que usted hacía cada día, cada mes, antes de su viaje. Espero, exista “algo” y espero que en ese sitio usted esté feliz.
Quiero hacer las paces con su recuerdo, quiero hacer las paces con mis miedos y quiero hacer las paces con la vida; porque hay que tomarla tal como viene.
Le prometo recordarme de usted cada vez que la felicidad se presente en mi vida, será una forma de retribuirle eso que el “Titiritero Mayor” le quedó a deber. Porque como dije en un principio: ¡usted merecía un final feliz!
P.D: con usted saqué mi “master en adultez”; por eso que dijo José Emilio Pacheco: “Nos graduamos de adultos nada más cuando alguien nos deja”.

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