Hecate

Mitología universal

Hecate (Jusepe de Ribera)

Según Hesíodo, era hija del titán Perseo y de Asteria, hermana de Latona. Según otros, era hija de Zeus y Deméter. Su nombre significaba “la de las certeras flechas”.

Simbolizaba una cara de la luna, la invisible de la luna nueva, por lo que, al no aparecer en el cielo, no tardó en ser considerada una divinidad infernal. Un halo de misterio y superstición rodeaba a Hécate, quien, según se decía, vagaba de noche por las tumbas junto con las almas de los difuntos. Era la diosa de las apariciones nocturnas, de los espectros; cuando se aproximaba, los perros aullaban lúgubremente. Protegía a las brujas que salían de noche para buscar hierbas para sus brebajes.

Se le dedicaron templos en Egina y Argos, y fueron principalmente famosos los de Lagina y Estratonicea, en Asia Menor. No obstante, su culto se asociaba con otras divinidades como Apolo, Ártemis, etc. En Atenas se le consideraba guardiana de la entrada de la Acrópolis, y su culto iba unido al de Hermes y también al de las Gracias. El culto de Hécate estuvo muy difundido entre los romanos, que lo relacionaba con toda clase de supersticiones.

En el arte aparece representada como un ser con un solo cuerpo, pero con tres cabezas; con esto se quería simbolizar las tres fases de la luna: llena, media y nueva.

Formaban parte del culto de Hécate los sacrificios de ovejas negras, propios de las divinidades infernales, y las libaciones de leche y miel.

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