Eros/Cupido

Cupido y Psique (Sir Anthonis van Dyck)

Dios del amor, hijo de Afrodita y Ares. Eros el dios del amor es un mito de formación reciente; su figura era desconocida para Homero. Nos habla de él por primera vez el poeta de la Teogonía, pero como de un dios abstracto, sin mito y sin culto. Se sabe con certeza que existían un mito y culto a Eros en Beocia, en la ciudad de Tespis, donde su imagen era una piedra tosca; se trata tan sólo de un fetiche. Aparece casi siempre como hijo de Afrodita, mientras que es más incierta su paternidad: unas veces se le consideraba hijo de Zeus, Ares y otras de Hermes. Se dijo también, confundiéndolo con un mito más antiguo que se le consideraba como un dios cosmogónico que no había tenido padres. La madre de Eros, Afrodita, utilizaba a su hijo para ejercitar su poder universal en el cielo y en la tierra. Su imagen, en la fantasía de los antiguos, era la de un bellísimo muchacho, en los umbrales de la juventud, con alas de oro y armado con un arco y una aljba, llena de flechas, con las que nunca fallaba el blanco. Todo el que era alcanzado por ellas quedaba preso de la pasión amorosa, aunque se tratase de Zeis o de la propia Afrodita. Además, las flechas de Eros no tenían límites en cuanto a su campo de acción: no sólo podían penetrar en el fondo del mar, sino que llegaban incluso hasta el Averno. La flor consagrada al dios era la rosa.

No sólo era el dios del amor entre los dos sexos, sino también el del afecto y la amistad entre los hombres.

La fábula de sus amores con Psique es de formación reciente. La versión más completa del relato aparece en la Metamorfosis de Apuleyo. Psique era la joven y bella hija de un rey. Según el relato, su amante divino le había ordenado que no lo mirase, pero ella aconsejada por sus hermanas, desobedeció, desapareciendo Eros inmediatamente. Psique, llena de desesperación, lo buscó por todas partes y, finalmente, tras largas y dolorosas peripecias, pudo reunirse con él para siempre. De su unión nació una hija: la Felicidad o Delectación.

El culto a Eros estuvo muy difundido por toda Grecia, especialmente en Atenas, Esparta y Megara, además de las islas de Creta y de Samos. Su veneración iba casi siempre unida a la de su madre Afrodita. En Tepsis, donde cada cinco años se celebraban fiestas en su honor con concursos gimnásticos y musicales.

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